
Practicantes de otros estilos o personas ajenas al arte marcial, suelen criticar la suavidad de los movimientos del Aikido, restándole valor como sistema eficaz de defensa.
Por lo tanto consideran que al no ser violento no es un arte marcial.
Pero sucede que en realidad solo ven sus propias concepciones de lo que ellos consideran como una vía marcial, y las imágenes de conflicto y la lucha dominan sus mentes.
Para ellos fuerza es sinónimo de choque, y solo reconocen a la forma del ataque como única herramienta efectiva y marcial... pero ¿choca la luna contra la tierra, el sol destruye los planetas?.
No, pero sin embargo nadie desconoce los efectos que ejerce la luna sobre nuestro planeta , así como tampoco nadie puede negar como necesitamos a ese sol para sobrevivir.
En estos hombres sus prejuicios bloquean la aceptación de la verdad, y su hostilidad por lo tanto bloquea el desarrollo del poder verdadero, que va más allá del choque o el contacto.
Una mente llena de prejuicios y opiniones categóricas no puede asimilar las verdades universales.
Todos sabemos que la adquisición de poder sea cual fuere su forma influye en la personalidad desde muchos puntos de vista.
En el caso de las artes marciales pueden desarrollar sentimientos de modestia y respeto así como reforzar la conciencia social y el trato con los demás.
Pero si la mente se halla dominada por el ego y las ideas erróneas de lo que se considera arte marcial, la práctica puede significar todo lo contrario.
De esta práctica errónea surgen individuos que buscan el poder, lo cual puede llegar a convertirse en una obsesión, que resultará en un individuo marginal que vive en un mundo onírico y violento.

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